Sabemos que lo resistente dura años y años, y ya no solo hablando de material físico. Los sentimientos están fabricados de lo mismo, solo que por nosotros mismos y con nuestras pinceladas de personalidad. Podemos nivelar como nos gusta cada cosa. O eso creemos, no es así. Crees que lo puedes controlar todo, tú mandas sobre tus pensamientos. Si lo piensas (me incluyo, lo pensaba) hasta que llega ese día en que todo se vuelve del revés. Te enamoras.
Te cambia el humor, es algo así como ser bipolar. Y ese sentimiento no lo puedes modelar a tu gusto, si te sale cuando ves a esa persona, no va a surgir con ninguna otra. Solo con una.
Y ese amor no lo puedes cambiar, tal vez al principio lo evites porque crees que el destino se ha equivocado y que no te puedes estar enamorando de esa persona a la que conoces tan bien. Pero luego te vas dando cuenta de que, a medida que habláis sus cosas y tus cosas, no se parecen en nada. Y por eso te interesan, son totalmente diferentes y nuevas para ti. Te vas dando cuenta de que sus defectos, te gustan, ni siquiera los llamarías defectos, sino virtudes menos afortunadas. Y ya, si piensas en sus virtudes y en su forma de ser, no tienes palabras para describirlo. La forma en la que te habla, como se ríe cuando estáis juntos, como minuto a minuto te enamoras más y más... Hasta que al final te rindes y piensas: Tal vez no sea el chico con el que pase el resto de mi vida, pero tendremos una gran historia.
Y a medida que pasan los días caen tus fuerzas para hacer desaparecer esas ganas de verle, asumes que no puedes estar sin él, y que aunque no te quiera, tú le quieres mucho.
Y que aunque haya veces que no le aguantes porque tiene un mal día, pasa. Cuenta todas las veces que te ha soportado él con tus idioteces y tus paranoias... Si realmente te quiere te soportará todo lo que le digas, aunque no sepa ni de qué va ni le importe, porque el amor es lo más duradero que existe y está hecho de un material muy fuerte.


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