martes, 22 de noviembre de 2011

Que caiga alguien del cielo

Cuando buscamos soluciones desesperadas, nada nos sale como esperamos. Porque nos ponemos nerviosos, nos enfadamos, discutimos con los que no tienen nada que ver y nos ofuscamos en un profundo agujero.
En ocasiones es bueno pararse y respirar un par de veces para poder pensar con claridad. Inspirar, coger aire y expulsarlo lentamente. Ver a la gente que te rodea con una sonrisa en la cara, que aunque no sea verdadera, hace algo de esfuerzo para poder dibujarla como tú haces también algunas veces.

Nerviosismo, eso es lo que define a la perfección mi estado de ánimo cuando estás cerca, pasó junto a tí y me tiemblan las piernas. Me tiembla la voz, y entonces es cuando me pregunto para qué sirven las manos, solo estorban, porque no sé que hacer con ellas, mi primer movimiento sería meterlas en los bolsillos del pantalón, pero no puedo porque me pongo nerviosa. Me gustaría poder usar las "inútiles" manos para abrazarte cada vez que te viese, para poder acariciarte, y para agarrar las tuyas mientras paseamos por las aceras mojadas por la lluvia.
Tal vez eso no ocurra, pero me alegra saber que llevo tiempo enamorada, saber que le conozco lo suficiente, me encanta tener esa confianza con él, y pienso que algún día le podré contar todo, todo lo que pasa por mi cabeza a cada momento, decir la primera tontería que pase por mi mente, hacer la primera burrada que se me ocurra, y todo sabiendo que él estaría allí conmigo.

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